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PRIORAT NOTÍCIES 

Capçanes: El Priorat recuerda a Carrasclet

Divendres 12 de setembre de 2003, Oriol Aymí, La Vanguardia - Vivir en Tarragona.-  Pere Joan Barceló (1681-1741) perdió la Guerra de Sucesión. Era capitán. Se enteró de que Villarroel había sucumbido ante Berwick en el sitio de Barcelona en Cornudella, a finales de septiembre, y se acogió al perdón otorgado por Felipe V. Hijo de Capçanes (Priorat), este carbonero se convirtió en coronel del ejército del imperio austriaco tras protagonizar una legendaria resistencia a las autoridades felipistas. 

Ayer, el Priorat le rindió homenaje, siguiendo la tradición que instauró Jordi Pujol en 1980, en una primera Diada como president que celebró en Capçanes. 

Hasta 1714, Pere Joan Barceló tenía una vida tranquila. Vendía su carbón de encina –la “carrasca”–, en Reus, donde podía informarse de la actualidad política y se empapó del dominante sentimiento antiborbónico. Trasladó esas noticias y sentimientos al Priorat y, al estallar la guerra, fue nombrado capitán. Luchó junto a su padre y su hermano, y estuvo presente en la toma de Tortosa, Ginestar y Flix. 

Aun así la vida de Carrasclet empieza al terminar la guerra. Un recaudador de impuestos felipista lo reconoció en Marçà, y le increpó. Cuenta la leyenda que ambos se enzarzaron en una pelea a muerte, y que sólo la intervención de soldados y vecinos les pudo separar. Carrasclet se vio obligado a huir a las montañas. Las de Llaberia son escarpadas, y allí encontró cobijo en una cueva inaccesible. Desde allí comandó numerosas acciones de resistencia, robando a los recaudadores y formando un ejército que llegó a superar las trescientas personas. 

Once historias del 11-S 
EL 11 CHILENO, EL 11 ESTADOUNIDENSE Y EL 11 CATALÁN, EN OTROS TANTOS ESCENARIOS DE LA MEMORIA 

De la evocación a la libertad en una barbería de inmigrados del Raval de Barcelona, al recuerdo del miedo y el terror de un voluntario estadounidense en la “zona cero”. De los suspiros por la identidad perdida de unos chilenos del Carmel, a la soledad de los jubilados que visitaron ayer la solitaria fosa de los mártires en Montjuïc. De la indiferencia de los turistas en una playa de Salou, al homenaje de los hilarienses a la cabeza del general Moragues encerrada en metacrilato o el homenaje en el Priorat al carbonero Carrasclet... Once onces protagonizados, sólo, por la sociedad civil. 

Prisionero fugado, proscrito inalcanzable, Carrasclet se convirtió en un quebradero de cabeza para la comandancia de Tarragona, aunque no pasaba de ser aún un simple forajido. 

El ejército austriacista contactó con él para que acudiera al Rosellón, donde fue nombrado coronel y se le encomendó en 1718 la misión de encabezar una revolución en Catalunya para destronar a Felipe V. El apoyo internacional no fue suficiente, y Carrasclet murió en Viena sin cumplir su cometido. 

Carrasclet tiene hoy una imponente estatua en Capçanes, y una calle. Aún se le recuerda, se le respeta, y cada 11 de septiembre el Priorat le rinde homenaje.
 

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