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Marçà: “El lobo” regresa a la retaguardia. Milton Wolff, líder del batallón Lincoln, revive en Marçà la batalla del Ebro Dilluns 3 de novembre de 2003, Oriol Aymí, La Vanguardia - Tarragona.- El día que Schwarzenegger se convirtió en gobernador de California, Milton Wolff exclamó que se iría a vivir a Laplandia. “El lobo” , el último comandante del batallón Lincoln, vive hoy en San Francisco, aunque preferiría ser un ciudadano de Laplandia, país de su imaginación que gobernarían los mismos ideales de igualdad y libertad que le trajeron a la España partida por la mitad de 1937. Este personaje, casi de leyenda, que terminó su periplo peninsular en la batalla del Ebro, junto con Robert Capa y Ernest Hemingway, regresó ayer, a los 88 años, por primera vez como civil a Marçà, un destacado puesto de la retaguardia republicana. La asociación prioratina No Jubilem la Memòria le llevó de excursión por varios lugares clave de la Guerra Civil en la comarca. Cerca de La Torre de Fontaubella, Robert Capa le inmortalizó en 1938, al frente de su batallón, en un desfile. Ayer se intentó repetir la foto de Capa. Mientras los organizadores hacían lo imposible para mantener la carretera libre de coches y buscaban el punto exacto donde debía colocarse, Milton Wolff contemplaba las montañas. Con certeza recuerda la cota 666 de la sierra de Pàndols. Seguro que ha retenido en su memoria el sonido de los bombardeos y la artillería que le llovía a la XV Brigada desde una cota más alta, dominada por el Ejército franquista. Cuando terminaba el ataque, su tropa diezmada salía de sus refugios para intentar repeler el avance de la infantería. Fue a finales del verano de 1938, justo cuando Negrín ante la Sociedad de Naciones propuso retirar del combate a los brigadistas republicanos. “Él esperaba que Franco hiciera lo mismo con sus 50.000 italianos y 5.000 alemanes, pero le salió mal”, explica Robert Coale, hispanista de la Universidad París 8. Ese fue el principio del fin de las Brigadas Internacionales, y a Wolff la orden de retirada le llegó en Pàndols. Sintió rabia. “Nos íbamos, pero sabíamos que la guerra continuaría”, señaló. Quizá si Churchill hubiera accedido al poder dos años antes... quizá si Francia, Inglaterra y Estados Unidos hubieran hecho algo más... “Esas no eran decisiones mías, pero quizás así hubiéramos ganado la guerra”, dijo “El lobo”. “Pero, igual que no hubiera reclamado el mérito de la victoria, no quiero cargar ahora con la culpa de la derrota”, añadió. Nadie le culpó de nada ayer. Al contrario. Otros brigadistas aún le saludaron como “comandante”, y este americano alto, de mirada firme y aspecto de lobo de mar, recibió el respeto de todo Marçà, volcado ayer en una jornada de homenaje y recuerdo a los brigadistas. “No queremos glorificar las guerras, pero ésta –la Guerra Civil Española–, en ese momento histórico, hizo que pusiéramos lo mejor de nosotros mismos. Y yo la llamo una guerra justa”, dice. Recientemente, a Wolff se le ha visto en Washington manifestándose contra la de Irak. “Y tenemos Chechenia, Africa...”. Su mirada dice que hoy el mundo no es mejor que en 1937. Parece mentira que a este veterano
de guerra, paracaidista y saboteador tras las líneas nazis, mando
en Pearl Harbour y miembro de la OSS –el embrión de la CIA–, le
quede todavía un sentido del humor envidiable. Y más después
que su propio país le investigara, por rojo, durante la caza de
brujas por “actividades antiamericanas”. “Si algún día os
volvéis a meter en problemas, llamadme”, dijo.
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